Historia

Manta fue asentamiento de la cultura Manteña, en los años 500 a 1526 DC. Los aborígenes llamaron al lugar Jocay, que en lengua maya significa “casa de los peces” y era un punto de comercio para los Mantas y los Incas.

El conquistador Pedro Pizarro describió a Jocay como “una ciudad muy grande, en la que se llegaba al templo por una gran avenida, a cuyos lados se levantaban estatuas de hasta 2.5 metros de altura, construidas en piedra, que representaban a sus jefes y sacerdotes, desnudos de cuerpo, por lo cual los conquistadores españoles las destruyeron”. El hombre de esta tribu se caracterizaba por tener la nariz aguileña, que era perforada para ponerse narigueras, también se perforaban las orejas para adornarlas con orejeras. Se hacían deformaciones craneanas frontooccipitales.

Entre sus principales actividades destacaban la agricultura, habiéndose encontrado terrazas agrícolas en los cerros de Hojas y Jupe. También se dedicaron a la caza de venados, saínos, llamas, patos y al comercio. Se han encontrado gran cantidad de conchas, que fueron usadas para la fabricación de anzuelos y adornos. La mujer se dedicaba al cultivo del maíz, yuca, frejoles, papa, ají, zapallo, maní y a la elaboración de cerámicas.

La antigua Jocay, según Marshall Saville, se extendió varios kilómetros por la orilla del Océano Pacífico. Numerosas ruinas de casas y templos se encuentran en los Cerros Jaboncillo, Hojas y Bravo, lo que indica una población numerosa.

Los Mantas fueron politeístas. Hacían sacrificios humanos y quemaban incienso en sus templos. Tenían una diosa con poderes curativos, era una esmeralda del tamaño de un huevo de avestruz a la que llamaban “Umiña”, y le ofrecían esmeraldas menores para recibir de ella salud. Se presume que tenían una diosa de la fertilidad, la que se encuentra representada en numerosas estelas de piedra, sellos y otras piezas de cerámica, llamada por los científicos “Venus de los Cerros”.

Adoraban a la Diosa Umiña, una inmensa esmeralda a la que le edificaron un gran templo. Fueron descubiertos por Bartolomé Ruiz en 1526. Por su ubicación fue presa fácil de los piratas de quienes sufrió varios ataques.

En febrero de 1534 llegó al puerto de Manta la expedición comandada por Pedro de Alvarado. El grupo estaba integrado por 11 barcos, 450 hombres y algunas mujeres, entre ellos el sacerdote Fray Jadoco Ricki, aborígenes centroamericanos y se dice que unos 200 caballos.

Pedro de Alvarado incendió, saqueó el poblado y tomó como prisionero al jefe de la tribu, Lligua Tohalli y a otros indios, porque no encontró la Umiña y los tesoros que se decían existían en este lugar. El jefe Lligua Tohalli fue ahorcado camino a Paján. Se dice que Manta fue fundada en 1534 por Francisco Pacheco, y en 1563 por el presidente Hernando de Santillán de la Real Audiencia de Quito, quien ordenó que se la fundara con el nombre de San Pablo de Manta.

En el primer gobierno del General Eloy Alfaro Delgado, al dictar la Ley de División Territorial el 14 de Abril del 1897, se había proclamado a Manta como parroquia rural del cantón Montecristi que debido a múltiples factores había empezado a decaer, siendo hasta entonces el cerebro y corazón de la civilización y progreso de Manabí; aprovechando estas circunstancias se solicitó por parte de los vecinos de Manta al Congreso Nacional que se cambiara a cabecera cantonal a esta ciudad que había alcanzado un grado de mayor progreso y contaba con elementos intelectuales y económicos, no creyendo posible que continuara como simple parroquia.

Cantonización

Manta fue parroquia de Montecristi por muchos años. A partir de 1910 la idea de la cantonización se empezó a plantear en firme, hasta su consecución en 1922. Entonces el puerto de Manta contaba con 12 agencias navieras, de compañías nacionales y extranjeras, 2 bancos, 17 casas importadoras, 44 embarcaciones menores y el censo de población del 18 de junio de 1922 era de 4.161 habitantes.

El proyecto de cantonización contemplaba como parroquias a Manta, La Ensenada y San Lorenzo. El 30 de agosto de 1922 se presentó ante la Cámara de Diputados el proyecto de cantonización de Manta. El 7 de septiembre fue aprobado y pasó al Senado. El 22 de septiembre se aprobó en tercera discusión en el Senado y pasó al Ejecutivo para su sanción, que fue autorizada por José Luis Tamayo, primer magistrado de la nación, a las 17h00 del 29 de septiembre de 1922.

La ciudad desde sus primeros años, previo a la cantonización y posterior a la misma tuvo un importante rol como centro de actividades comerciales, industriales y portuarias. Históricamente Manta ha sido un importante puerto pesquero, uno de los más importantes del país y ha mantenido el intercambio de sus productos, fundamentalmente con los provenientes del mar.

Este recurso ideológico de sus aguas marinas, conjuntamente con las destrezas de sus pobladores convirtió a la ciudad en un importante centro de procesamientos de productos pesqueros. A partir de esta actividad se estableció una corresponsabilidad que generó el surgimiento de industrias empacadoras y enlatadoras de sardinas y atún, y así mismo las industrias dedicadas a la producción de harina de pescado. Las bondades naturales del puerto permitieron a la ciudad en movimiento comercial cada vez más intenso con el exterior, especialmente a partir de las décadas de los 60. Cuando se concluyeron las obras portuarias.